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Es 4 de febrero de 2024 y Bukele, aunque las urnas acaban de cerrarse y el Tribunal Supremo Electoral no ha dado resultados, ha salido al balcón del Palacio Nacional y se ha proclamado ganador. Lo ha hecho a su manera exagerada, grandilocuente.

Se asoma con su esposa de la mano, informal, en camiseta de manga larga color caqui. Y dice, ignorando como casi siempre la mesura:

«El Salvador ha roto todos los récords».

La plaza central de El Salvador, en el punto cero de la capital, está repleta de cientos de salvadoreños, algunos disfrazados de Bukele, muchos con vuvuzelas. Suenan las vuvuzelas, suenan los aplausos.

«Este día, El Salvador ha roto todos los récords de todas las democracias en toda la historia del mundo».

La plaza corea: «¡Bu ke le, Bu ke le, Bu ke le!».

«Y no solo hemos ganado la presidencia de la República por segunda vez con más del 85 % de los votos, sino que hemos ganado la Asamblea Legislativa con 58 de los 60 diputados como mínimo.»

Y la plaza corea: «¡Sí se pudo, sí se pudo!».

Los numeritos pueden engañar

Tiempo después, cuando los resultados fueron oficiales, sabríamos que en esas elecciones votó el 56 % del padrón electoral y que Bukele ganó con el 82,66 % de esos votos. Además, obtuvo la incuestionable mayoría de 54 de los 60 diputados.

La plaza salvadoreña no sabe que, en el México de los setenta, el Partido Revolucionario Institucional (PRI), con José López Portillo, ganó la presidencia con el 90 % de los votos. O que, en 1928, en ese mismo país vecino, Álvaro Obregón obtuvo el 100 % de los votos. La plaza ignora también que, aunque fuera en un sistema electoral distinto, en 1984, Ronald Reagan ganó la presidencia de Estados Unidos con el 97,6 % de los votos electorales por sobre su competidor y exvicepresidente Walter Mondale; o que Franklin Roosevelt destruyó electoralmente en 1936 a Alfred Landon, con el 98,5 % de votos. ¿Qué importa? Bukele acaba de decir lo que acaba de decir, que suenen las vuvuzelas. A veces, la ignorancia es festiva.

«Sería la primera vez que en un país exista un partido único en un sistema plenamente democrático. Toda la oposición junta quedó pulverizada.»

Por ignorar, la plaza ignora que en 1929 el presidente electo de México, Álvaro Obregón, fue asesinado, tan solo un año después de su triunfo, y que con ello dio rienda suelta a la creación del partido de la dictadura perfecta: el PRI. Por ignorar, la plaza también ignora que cuando Portillo ganó con el 90 % de los votos fue porque no hubo otro candidato, y que los logros, si se cuentan así, con numeritos y sin contexto, engañan.

Bukele suele hacer pausas medidas para que la plaza aplauda, para que las vuvuzelas suenen, como si presentara un show televisivo. A veces, la plaza tarda en entender la pausa y hay un breve silencio antes del aplauso, que siempre llega.

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Verdad, verdad sin contexto, mentira

Bukele se lanza a describir, como si fuera una gesta épica, su camino a la dictadura. En un discurso cabe todo, y lo que fueron golpes autoritarios pueden presentarse como estrategias de estadista.

«En 2019 vencimos el bipartidismo que nos tenía sometidos, pasamos página, pusimos fin a la posguerra…»

Es cierto: Bukele destruyó el bipartidismo presidencial en 2019, en unas elecciones legítimas. Desde que en 1992 se firmaron los Acuerdos de Paz, en El Salvador solo había gobernado la derecha reunida en el ARENA, o la izquierda monopolizada por el FMLN. Bukele obtuvo 1.434.856 votos, y su más cercano contendiente, un joven millonario salvadoreño de la derecha, consiguió 857.054. En tercera posición, y a mucha distancia, salió el exguerrillero y excanciller salvadoreño, Hugo Martínez, con apenas 389.289 votos. Bukele no solo destruyó una lógica asumida por décadas en el país –que la presidencia solo podían ganarla ARENA o el FMLN– sino que arrasó. La noche de aquellas elecciones, la sede del FMLN parecía la sala de un velorio donde todos vestían de rojo.

«… pero no teníamos gobernabilidad. En 2021, ustedes nos dieron mayoría calificada en la Asamblea Legislativa, con lo que conseguimos, el pueblo con sus representantes, sacar a la Sala de lo Constitucional anterior, sacar al fiscal anterior, aprobar el Plan Control Territorial y, en marzo de 2022, aprobar el régimen de excepción.»

Aplausos, vuvuzelas, la plaza vuelve a corear: «¡Bu ke le, Bu ke le, Bu ke le!». Una madre que ha disfrazado a su bebé de Bukele lo alza para que alguna cámara lo capte.

Lo último dicho por Bukele desde el balcón del Palacio Nacional ha sido, en este orden, verdad, verdad sin contexto y mentira.